Opa fue un hombre hecho d e amor, de trabajo, de aprendizaje, de retos, de familia, de nobleza, de creatividad y un curioso humor negro. Fue un amante de los libros, de los animales y de la gente pensante. Siempre alimentando la maquina, buscando saber más, tener más temas de conversación. Dar una buena cátedra a mi hermano era de sus cosas favoritas. Mi abuelo salía a trabajar por la mañana y a las 2 en punto regresaba a casa para la hora de la comida, tomaba un mezcal como aperitivo de pie en la barra de la cocina con su respectiva botana, hasta que llegaba el momento de sentarnos alrededor de su hermosa mesa de madera redonda, donde todos tenían un lugar. Una mesa redonda donde todos éramos igual de importantes, sin principio, ni final. La discusión entre mi hermano y yo siempre era quien se sentaría junto a Oma, la misma se resolvía con la intervención de nuestra mamá y la abrumadora verdad que cada nieto podía estar de cada lado de la abuela. La hora del pos...
No es saludable cavilar tanto.
Hay un dicho ingles que traducido dice así: preocuparse es como estar sentado en una mecedora, te mantiene ocupado pero no te lleva a ningún lado.
Y preocuparte por la vida de otros, aunque sea tu propia familia, tampoco lleva a ningún lado.
Así como nosotros, tus padres, no pueden vivir tu vida ni ahorrarte experiencias, así tampoco tu puedes vivir nuestras vidas ni hacer nada por cambiarlas.
Lo realmente importante es querernos, comprendernos, estar cerca el uno del otro aunque haya mucho aire en medio, pero el amor no sabe de distancias, vuela con la velocidad de los pensamientos.
Si te estas quietecita, aplacas el torbellino de ideas en tu cabecita, cierras los ojos y estiras tus antenas, entonces sentirás nuestros pensamientos amorosos como te rodean, como te apoyan y están contigo hagas lo que hagas.
Porque se que vas a hacer lo que mas te guste SIN REMORDIMIENTOS.
Oma
13 de febrero de 2003 a las 6:49 p. m.

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